Ibone Olza
Algunas cosas están empezando a
cambiar, afortunadamente. La imagen de una mujer pariendo acostada, rodeada de
desconocidos que le dicen como empujar mientras el padre aguarda fuera lleva
camino de pasar a la historia. Cada vez son más los estudios que demuestran que
pedir que la mujer sea protagonista de su parto no es ningún capricho, sino la
manera más segura de dar a luz. Estar rodeada de cariño y de profesionales que
respetan los tiempos de cada mujer probablemente sea el pasaporte para lograr
un nacimiento respetado y un bebé y una madre sanos. El parto es un proceso
delicado, pero también un acto íntimo y una expresión de amor. Si bien a lo
largo del siglo XX los avances de la Obstetricia consiguieron reducir hasta
niveles mínimos la mortalidad materna e infantil en el período perinatal, desde
los años ochenta la Organización Mundial de la Salud ha manifestado su
preocupación por la excesiva medicalización del parto que motiva una aumento de
los partos instrumentales o cesáreas de manera innecesaria. ¿Cómo conseguir
beneficiarse de los avances de la ciencia sin caer en esa peligrosa
medicalización del parto? ¿Cómo lograr que sea una experiencia íntima sin
prescindir de la tecnología? Probablemente la clave resida en la relación que
se establece entra la mujer embarazada y los profesionales que le atienden.
El derecho a la información. Es importante que
la relación con los profesionales que atienden a la mujer sea de mutua
confianza. La mujer necesita sentirse libre de preguntar cuantas dudas y
preocupaciones se le ocurran. Saberse escuchada permite afrontar el parto con
tranquilidad y confianza. Para los profesionales saber lo que preocupa a la
mujer y conocer su estado anímico facilita que el trato sea individualizado y
óptimo. El embarazo y el nacimiento no son una enfermedad. Es importante elegir
bien a los profesionales que lo atenderán preguntándoles cuál es su visión del
parto, en que situaciones utilizan técnicas intervencionistas, que porcentaje
de cesáreas y de episiotomías tienen...Si se opta por un centro público se
puede solicitar información al Servicio de Atención al Paciente, preguntando
por los protocolos y estadísticas del centro, y facilitándoles un "plan de
parto" con los deseos de la mujer. Por ejemplo, se puede escribir pidiendo
que permitan la compañía de una acompañante del parto (o "doula")
además del padre, que respeten las recomendaciones de la OMS para el parto
normal y que faciliten los métodos no farmacológicos para el alivio del dolor
como por la ducha o la bañera. Si el centro responde que no puede garantizar alguna
de estas medidas se puede redactar otra carta solicitándolo, cuantas más
mujeres den estos pasos mayor protagonismo tendrán en sus partos. Si las
respuestas no coinciden con lo que se busca se puede cambiar de profesional,
algunas mujeres lo han hecho incluso al final del embarazo. El parto es más
fácil eligiendo profesionales que confíen en la capacidad innata de las mujeres
para dar a luz, que no sean amigos de las intervenciones innecesarias, que no
tendrán prisa por acabar el parto para poder marchar a su casa. Deben estar al
servicio de la mujer y del bebé: no tiene sentido que la mujer esté pendiente
de agradarles o de no molestar. Definitivamente la embarazada es una mujer
adulta y merece parir como ella quiera. Más importante aún que la confianza en
los profesionales es confiar en el propio cuerpo. Todas las mujeres somos el
resultado de miles de años de perfeccionamiento natural, nuestros cuerpos son
el último producto de la naturaleza para lograr la supervivencia de nuestra
especie, en resumidas cuentas: estamos hechas para parir.
El parto requiere intimidad y cariño. En el parto se
necesita intimidad, respeto, cariño. Por eso es bueno estar acompañada de un
ser querido. Dar a luz requiere abandonarse y dejarse llevar por las
sensaciones más primitivas. Es preciso que se minimicen las interrupciones,
¡pensar puede detener el parto! De hecho esto sucede a menudo al llegar al
hospital: después de haber tenido contracciones fuertes y seguidas en casa,
todo se detiene al entrar en el hospital. El cuerpo necesita un tiempo para
volver a recuperar la intimidad y familiarizarse con el nuevo entorno. El reloj
tampoco sirve de mucho en el parto. Algunos partos son tan rápidos como un
suspiro, otros se prolongan durante un par de días...Casi siempre es un trabajo
largo, que requiere mucha energía y sobre todo paciencia. La matrona debe saber
esperar, observar a la mujer sin molestarla apenas, y permitir que todo siga su
ritmo mientras el bebé esté perfecto. Acelerar un parto rompiendo la bolsa o
mediante la oxitocina requiere que haya un verdadero motivo médico. Si no, se
puede producir el efecto contrario: el bebé no desciende al no haber tenido
tiempo de colocarse bien, y el parto termina en cesárea. Conviene estar
informados de antemano de los beneficios de cada intervención así como de los
riesgos y valorar todas las alternativas. En esos momentos se puede pedir unos
minutos a solas con la pareja para hablar tranquilamente antes de tomar una
decisión.
El dolor como guía. El dolor obliga a
conectarse con el cuerpo y a no pensar en nada más. Desde luego que la vivencia
es subjetiva y muy variable, pero lo cierto es que el dolor puede ser la guía.
Escuchándolo se puede encontrar la postura que facilite el nacimiento. No hay posturas
buenas ni malas para parir, lo importante es que cada mujer encuentre las
suyas. A veces caminar o bailar durante la dilatación es de gran ayuda, otras
permanecer en la bañera mitiga las sensaciones dolorosas. Conocer lo que sucede
en el parto ayuda a afrontar el dolor. Las primeras contracciones suelen ser
vividas con euforia y con la duda de si se está definitivamente de parto. Es
mejor afrontarlas de una en una, pensando que con cada contracción falta menos
y que todas cumplen su papel. Conforme avanza el parto se hacen más seguidas e
intensas, pero hay mujeres que pueden estar hablando o incluso dormitando entre
contracciones. Cuando se alcanza la fase de transición algunas mujeres sienten
que "se van de este mundo". Pueden gritar, llorar, gemir o incluso
insultar al padre de la criatura, ¡es normal! Decir "ya no puedo más"
suele ser buena señal: probablemente la dilatación ya sea completa y pronto
sentirá las ganas de empujar para que salga el bebé. Entonces suele comenzar la
euforia, algunas mujeres no se pueden creer que el final ya esté cerca, y
empiezan a mostrarse impacientes por abrazar al bebé. La anestesia epidural
puede ser una ayuda muy eficaz en algunos partos, pero si se utiliza demasiado
pronto conlleva un mayor riesgo de que se utilice oxitocina y de que sean
precisas otras intervenciones. Por el contrario los métodos no farmacológicos
de alivio del dolor, como los masajes, el agua o el apoyo psicológico no tienen
ningún efecto secundario.
¿Y si algo va mal? Es cierto que parir
es algo natural y que lo normal es que todo vaya rodado. No obstante hay un
pequeño porcentaje de casos en que algo se complica y es precisa la
intervención médica. Si los profesionales informan a la mujer de lo que
acontece explicando detenidamente las opciones y además de ofrecer su consuelo
en un momento tan difícil la mujer confiará plenamente en ellos. Así podrá
vivir un nacimiento respetado y digno.

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