jueves, 17 de septiembre de 2015

Más que humanizar el parto, hay que mamiferizarlo


Entrevista a Michel Odent



Michel Odent, prestigioso ginecólogo francés, pionero en la promoción del parto fisiológico y precursor hace tres décadas de las bañeras de dilatación, ha hablado con Ser Padres sobre la importancia de lograr partos menos medicalizados y mucho más naturales, o como él los llama, más cercanos a los de todos los demás mamíferos, más “mamiferizados”.

P: Cuando habla de la importancia del amor en el parto, ¿a qué se refiere?

R: El amor ya no es tema exclusivo de poetas, filósofos o novelistas. Hoy lo estudian científicos de muy diversas disciplinas y han llegado a una conclusión: la importancia que tiene todo lo que sucede en el inicio de la vida para desarrollar la capacidad de amar. Es fundamental no perturbar demasiado el parto para que madre e hijo puedan desarrollar ese amor.

P: ¿No perturbar el parto significa no medicalizarlo y humanizarlo más?

R: Más que humanizar, yo hablaría de “mamiferizar”. Para que un parto sea fácil, hay que redescubrir las necesidades básicas que compartimos con todos los mamíferos. Y todas las hembras, para segregar oxitocina, esa hormona del amor que hasta hace poco se necesitaba liberar para poder dar a luz, necesitan sentirse seguras y que su nivel de adrenalina sea muy bajo. En la selva, si una hembra está a punto de dar a luz y se da cuenta de que tiene un depredador cerca, segregará adrenalina para poder defenderse y retrasará el parto para cuando se sienta más segura. Los mamíferos necesitan sentirse seguros y no observados para dar a luz.

P: ¿Un parto con médicos, oxitocina sintética, epidural, cesárea… no es más fácil?

R: No, la epidural es un medicamento que sustituye a las endorfinas, lo mismo que la oxitocina sintética sustituye a la natural. Todos estos medicamentos hacen el papel de las hormonas que las mujeres no pueden segregar porque no se encuentran en un entorno adecuado. Hoy en día no solo no las pueden liberar las parturientas que dan a luz por cesárea, también muchas de las que tienen un parto vaginal, al usar sustitutos farmacológicos de estas hormonas del amor. El problema es que estos sustitutos no producen efectos sobre el comportamiento y alteran el curso natural del nacimiento, un momento crítico en el proceso del desarrollo de la capacidad de amar.

P: Entonces, ¿cuál es el mejor entorno?

R: Después de llevar más de medio siglo participando en nacimientos, puedo resumir mi aprendizaje en pocas palabras: un parto será más fácil y rápido cuanto más sola esté la mujer. Solo necesita una comadrona que tenga experiencia y una actitud maternal y que se mantenga en silencio. Es el mejor entorno para liberar la oxitocina, que es una hormona tímida y no aparece si hay muchos espectadores.


Embarazo, Nacimiento y Eutonía



La Eutonía es una disciplina que facilita el auto-conocimiento. Es un aprendizaje en la observación del cuerpo; si bien el trabajo es corporal, la ampliación de la conciencia se produce en todas las áreas del ser.
El Método Frida Kaplan, Embarazo y Nacimiento Eutónico es la sistematización de trabajos corporales, provenientes de la Eutonía para su aplicación durante el embarazo y el parto.
El objetivo del Método es la aplicación de este aprendizaje durante el proceso de gestación para favorecer:

- El Contacto con uno mismo.
- El Contacto con la pareja.
- El Contacto de ambos con el bebé.
- La conciencia vivencial del espacio por donde pasará el bebé para nacer.
- La presencia del padre.
- Aliviar zonas de dolor propias del embarazo.
- Elevar el umbral del dolor.
- El uso de la mirada interna. 
- Incorporar la emisión del sonido de la «O» que facilita la modificación del tono psíquico-físico.
- Aprender la dirección del pujo a través de la prolongación del coxis.



El contacto con uno mismo, con la pareja y de ambos con el bebé

El contacto es un fenómeno que existe, normalmente, en estado inconsciente y que se refuerza dirigiendo la atención hacia la zona a contactar. Si llamamos «contacto» a la forma de dirigir la conciencia, posibilitamos el aprendizaje para poder aplicarlo durante el embarazo: hacia uno mismo, hacia la pareja y, ambos, hacia el bebé; o por separado en el momento en que cada uno lo decida. Estar en contacto posibilita establecer una relación viva. Existe una vida prenatal y el «ser» que en este período recibe amor y la contención de sus padres, tendrá después una mejor calidad de vida. Vivir en contacto es poder vivir con amor. El Dr. Thomas Verny y Jhon Kelly explican en el libro «La vida secreta del niño antes de nacer» que el vínculo posterior al nacimiento es la continuación de un proceso vinculante que había comenzado mucho antes en el útero. Lo único que el niño intrauterino quiere es un poco de amor y de atención. Si los recibe, todo lo demás, incluido el vínculo, se produce espontáneamente.
Gerda Alexander, la madre de la Eutonía, dijo: «la habilidad inconsciente de hacer contacto es innata. Primero es manifestada en la relación madre-niño, la facultad de volverse uno, como el bebé con su madre, puede ser aprendida y experimentada».



La Conciencia Vivencial del espacio por donde pasará el bebé al nacer

La condición femenina lleva implícita la posibilidad de concebir, engendrar y parir. Nuestra anatomía está preparada para cumplir esa función. Lamentablemente, en las grandes ciudades suele privilegiarse un exagerado conocimiento teórico, que con frecuencia se produce en detrimento de la conexión con el propio cuerpo. Al realizar un aprendizaje corporal de autoconocimiento, se puede aprender a sentir el espacio por donde pasará el hijo al nacer, constatar las dimensiones óseas de ese lugar, realizar trabajos para aflojar la tensión de las partes blandas y observar que cuando eso sucede el mencionado espacio se modifica y el sentimiento de «seguridad» del «sí puedo» se instala. Estas emociones ayudan a contrarrestar el miedo que puede resultar paralizador en la tarea del parto.


La Presencia del Padre

Los años de actividad en el acompañamiento a las parejas embarazadas me permitieron observar que cuando los varones están presentes durante el embarazo, realizando junto con la madre el aprendizaje de «contacto conciente», tienen después el comportamiento de «padre presente», un padre que sostiene, contiene y acompaña el crecimiento físico y afectivo de su hijo. Cuando la pareja realiza el aprendizaje corporal que propone el Método, el papá constata que es mucho lo que puede hacer desde el «toque» para acompañar y contener a su mujer y a su hijo. Este papá comprueba mediante los distintos trabajos de contacto la respuesta inmediata del bebé que con sus movimientos le informa sus sensaciones, y también recibe la devolución de ella que a través de la palabra le comunica que el toque eutónico, realizado por él, la contiene, la hace sentir acompañada y le despierta sensaciones de seguridad. El sentimiento amoroso crece cuando el hombre siente que puede estar presente y tener un comportamiento activo durante el período de embarazo y luego durante el trabajo de parto.


Aliviar zonas de dolor  

Existen las molestias o dolores «propios» del embarazo. Los mismos son contemplados por el Método, y existe una actividad corporal específica para cada una de estas dolencias. La propuesta es habitar el espacio dolorido, ocuparlo con la atención, hacer contacto con ese dolor y constatar cómo la dimensión del espacio interno, ocupado por el mismo, puede modificarse porque las tensiones instaladas en ese lugar se distienden.


Elevar el umbral del dolor

Nuestra cultura nos provee mucha información, pero no nos enseña a relacionarnos con el dolor. Contrariamente a esto, frente a la mínima presencia dolorosa todo nuestro ser (cuerpo y mente) se tensa, se cierra. Junto a la sensación de dolor aparecen pensamientos paralizantes, inhibitorios, angustiantes. Inmediatamente, sentimos que el dolor se adueña de nosotros y los «no puedo», «no voy a poder», «no podré» se nos instalan... Sin embargo, es posible aprender del dolor... Estamos en condiciones de aprender a modificar el comportamiento que nos lleva a retener y reemplazarlo por el de soltar el dolor. Esta actividad, de hacer contacto con el dolor y constatar cómo el mismo se mitiga cuando la tensión se afloja, posibilita la vivencia de «enfrentarlo» y, así, elevar el umbral del dolor. El miedo al dolor, el fantasma del dolor, se aleja porque lo vivido conecta con una nueva realidad: «pude soportar un dolor muy intenso». Ese «pude» deviene en «si pude con éste, también podré con las contracciones del parto». Existen trabajos puntuales para este aprendizaje.


El uso de la mirada interna

El momento social-histórico actual posibilita que, simultáneamente con el crecimiento de la comunicación cibernética y un mayor contacto con el mundo, nuestra mirada externa se potencie, esperando que nos indiquen lo que debemos hacer. Nuestra cultura (o sociedad) nos alienta a copiar, a seguir una moda, a vivir con esta mirada externa muy despierta, buscando la aprobación del otro. Cuando se realiza el trabajo de parto con la mirada externa muy alerta y pendiente de la opinión del médico, de la partera o de cualquier otro profesional, se traslada la confianza a un otro. 
La inseguridad, el descontrol, la parálisis, el «no sé», el «no puedo», comienzan a dominar la situación de esa mujer. En cambio, cuando la mirada interna está activa y despierta, aumenta el contacto con lo que está sucediendo, se prioriza el nacimiento del hijo y cuando eso sucede, el dolor físico se convierte en un acontecer secundario.
Además, permite realizar el trabajo de parto en contacto con la actividad que está realizando el hijo para nacer. La mirada interna permite un mayor contacto con el «verdadero conocimiento» con esa parte nuestra «que sabe» y está comprobado que cuando se está en contacto con uno mismo, surge creativamente lo que se debe hacer.



Emisión de la «O»

Michel Odent, en su libro «La cientificación del amor», nos explica que para traer un bebé al mundo, una mujer debe liberar un cocktail de hormonas (oxitocina, endorfinas, prolactina, HCTA, etc.) que se originan en el cerebro. Cuando una mujer está en trabajo de parto, la zona más activa de su cuerpo es su cerebro primitivo (el hipotálamo, la glándula pituitaria, la hipófisis, etc.). Estas estructuras cerebrales son las que compartimos con todos los otros mamíferos. El lenguaje científico moderno explica que cuando existen inhibiciones en el parto (o en cualquier otra experiencia sexual), éstas se originan en el otro cerebro, que está muy desarrollado en los humanos, el «neocortex». El lenguaje de los fisiólogos puede también ayudar a interpretar un fenómeno muy conocido por los profesionales que asisten en el parto y también por algunas mamás: en un nuevo estadio del parto, ellas dan la impresión de desconectarse del mundo, de ignorar lo que sucede a su alrededor, de olvidar lo que aprendieron o leyeron, como si estuvieran «en otro planeta». Este cambio de estado de conciencia puede ser interpretado como una reducción de la actividad del neocortex. Esta reducción de la actividad del cerebro del intelecto (el neocortex) representa el aspecto más importante de la fisiología del parto en el plano práctico. La mujer que da a luz tiene necesidad de estar protegida de todas las estimulaciones de su neocortex. 
La mayoría de las mujeres que viven en ciudades, que poseen una importante información cultural, inmersas en el stress, alejadas de la naturaleza, transitan el embarazo leyendo todas las publicaciones que encuentran alimentando, de esta manera, su neocortex, con la ilusión y la esperanza que toda esa información les permita tener un parto natural. Según lo explicado por Michel Odent, recurrir en el momento del parto a conocimientos aprendidos por el intelecto tiende a inhibir el proceso del nacimiento. El Método apunta a un trabajo vivencial y propone para ello la emisión del sonido «O».


Durante el período de gestación y en la fase de dilatación del pre-parto, la emisión de la «O» es un recurso importante porque favorece el cambio de conciencia.
En la etapa del embarazo:

•Facilita la conexión de la cavidad bucal con la pélvica. 
•Facilita la toma de conciencia de la pelvis, permite vivenciar el piso de la pelvis y el espacio por donde sale el bebé.
•Ayuda a los padres a conectarse con el bebé. Además este sonido se convierte en un elemento conocido para él, que lo contiene y tranquiliza inclusive después del nacimiento.
•Actúa sobre las partes blandas, fundamentalmente, en el espacio donde habita el bebé, modificando la rigidez, la circulación, la respiración superficial y los espacios apretados como consecuencia de posibles tensiones, tanto la mamá como su hijo perciben el cambio inmediatamente.

Durante el periodo de dilatación, emitiendo este sonido durante las contracciones, sucede:

•La Madre tiene una participación activa en este proceso, alejándola del descontrol.
•El padre, con la emisión de la «O», transmite energía y acompañamiento a la madre y al bebé. •La «O» facilita la dilatación del cuello uterino y permite la relajación del piso de la pelvis.


Aprender la dirección del pujo a través de la prolongación del coxis

Esta actividad organiza el pujo. Al prolongar el coxis hacia adelante, el diafragma se mantiene firme y junto con la musculatura abdominal adquieren el tono preciso para pujar. La fuerza se potencia cuando se la dirige con precisión.

El método Embarazo y Nacimiento Eutónico está destinado a mujeres y parejas embarazadas, interesadas en aprender a incrementar el contacto, ampliar la conciencia y aumentar la confianza en ellos mismos