viernes, 18 de septiembre de 2015

Nadie debe decidir por ti





Ibone Olza  

Algunas cosas están empezando a cambiar, afortunadamente. La imagen de una mujer pariendo acostada, rodeada de desconocidos que le dicen como empujar mientras el padre aguarda fuera lleva camino de pasar a la historia. Cada vez son más los estudios que demuestran que pedir que la mujer sea protagonista de su parto no es ningún capricho, sino la manera más segura de dar a luz. Estar rodeada de cariño y de profesionales que respetan los tiempos de cada mujer probablemente sea el pasaporte para lograr un nacimiento respetado y un bebé y una madre sanos. El parto es un proceso delicado, pero también un acto íntimo y una expresión de amor. Si bien a lo largo del siglo XX los avances de la Obstetricia consiguieron reducir hasta niveles mínimos la mortalidad materna e infantil en el período perinatal, desde los años ochenta la Organización Mundial de la Salud ha manifestado su preocupación por la excesiva medicalización del parto que motiva una aumento de los partos instrumentales o cesáreas de manera innecesaria. ¿Cómo conseguir beneficiarse de los avances de la ciencia sin caer en esa peligrosa medicalización del parto? ¿Cómo lograr que sea una experiencia íntima sin prescindir de la tecnología? Probablemente la clave resida en la relación que se establece entra la mujer embarazada y los profesionales que le atienden.

El derecho a la información. Es importante que la relación con los profesionales que atienden a la mujer sea de mutua confianza. La mujer necesita sentirse libre de preguntar cuantas dudas y preocupaciones se le ocurran. Saberse escuchada permite afrontar el parto con tranquilidad y confianza. Para los profesionales saber lo que preocupa a la mujer y conocer su estado anímico facilita que el trato sea individualizado y óptimo. El embarazo y el nacimiento no son una enfermedad. Es importante elegir bien a los profesionales que lo atenderán preguntándoles cuál es su visión del parto, en que situaciones utilizan técnicas intervencionistas, que porcentaje de cesáreas y de episiotomías tienen...Si se opta por un centro público se puede solicitar información al Servicio de Atención al Paciente, preguntando por los protocolos y estadísticas del centro, y facilitándoles un "plan de parto" con los deseos de la mujer. Por ejemplo, se puede escribir pidiendo que permitan la compañía de una acompañante del parto (o "doula") además del padre, que respeten las recomendaciones de la OMS para el parto normal y que faciliten los métodos no farmacológicos para el alivio del dolor como por la ducha o la bañera. Si el centro responde que no puede garantizar alguna de estas medidas se puede redactar otra carta solicitándolo, cuantas más mujeres den estos pasos mayor protagonismo tendrán en sus partos. Si las respuestas no coinciden con lo que se busca se puede cambiar de profesional, algunas mujeres lo han hecho incluso al final del embarazo. El parto es más fácil eligiendo profesionales que confíen en la capacidad innata de las mujeres para dar a luz, que no sean amigos de las intervenciones innecesarias, que no tendrán prisa por acabar el parto para poder marchar a su casa. Deben estar al servicio de la mujer y del bebé: no tiene sentido que la mujer esté pendiente de agradarles o de no molestar. Definitivamente la embarazada es una mujer adulta y merece parir como ella quiera. Más importante aún que la confianza en los profesionales es confiar en el propio cuerpo. Todas las mujeres somos el resultado de miles de años de perfeccionamiento natural, nuestros cuerpos son el último producto de la naturaleza para lograr la supervivencia de nuestra especie, en resumidas cuentas: estamos hechas para parir.

El parto requiere intimidad y cariño. En el parto se necesita intimidad, respeto, cariño. Por eso es bueno estar acompañada de un ser querido. Dar a luz requiere abandonarse y dejarse llevar por las sensaciones más primitivas. Es preciso que se minimicen las interrupciones, ¡pensar puede detener el parto! De hecho esto sucede a menudo al llegar al hospital: después de haber tenido contracciones fuertes y seguidas en casa, todo se detiene al entrar en el hospital. El cuerpo necesita un tiempo para volver a recuperar la intimidad y familiarizarse con el nuevo entorno. El reloj tampoco sirve de mucho en el parto. Algunos partos son tan rápidos como un suspiro, otros se prolongan durante un par de días...Casi siempre es un trabajo largo, que requiere mucha energía y sobre todo paciencia. La matrona debe saber esperar, observar a la mujer sin molestarla apenas, y permitir que todo siga su ritmo mientras el bebé esté perfecto. Acelerar un parto rompiendo la bolsa o mediante la oxitocina requiere que haya un verdadero motivo médico. Si no, se puede producir el efecto contrario: el bebé no desciende al no haber tenido tiempo de colocarse bien, y el parto termina en cesárea. Conviene estar informados de antemano de los beneficios de cada intervención así como de los riesgos y valorar todas las alternativas. En esos momentos se puede pedir unos minutos a solas con la pareja para hablar tranquilamente antes de tomar una decisión.

El dolor como guía. El dolor obliga a conectarse con el cuerpo y a no pensar en nada más. Desde luego que la vivencia es subjetiva y muy variable, pero lo cierto es que el dolor puede ser la guía. Escuchándolo se puede encontrar la postura que facilite el nacimiento. No hay posturas buenas ni malas para parir, lo importante es que cada mujer encuentre las suyas. A veces caminar o bailar durante la dilatación es de gran ayuda, otras permanecer en la bañera mitiga las sensaciones dolorosas. Conocer lo que sucede en el parto ayuda a afrontar el dolor. Las primeras contracciones suelen ser vividas con euforia y con la duda de si se está definitivamente de parto. Es mejor afrontarlas de una en una, pensando que con cada contracción falta menos y que todas cumplen su papel. Conforme avanza el parto se hacen más seguidas e intensas, pero hay mujeres que pueden estar hablando o incluso dormitando entre contracciones. Cuando se alcanza la fase de transición algunas mujeres sienten que "se van de este mundo". Pueden gritar, llorar, gemir o incluso insultar al padre de la criatura, ¡es normal! Decir "ya no puedo más" suele ser buena señal: probablemente la dilatación ya sea completa y pronto sentirá las ganas de empujar para que salga el bebé. Entonces suele comenzar la euforia, algunas mujeres no se pueden creer que el final ya esté cerca, y empiezan a mostrarse impacientes por abrazar al bebé. La anestesia epidural puede ser una ayuda muy eficaz en algunos partos, pero si se utiliza demasiado pronto conlleva un mayor riesgo de que se utilice oxitocina y de que sean precisas otras intervenciones. Por el contrario los métodos no farmacológicos de alivio del dolor, como los masajes, el agua o el apoyo psicológico no tienen ningún efecto secundario.

¿Y si algo va mal? Es cierto que parir es algo natural y que lo normal es que todo vaya rodado. No obstante hay un pequeño porcentaje de casos en que algo se complica y es precisa la intervención médica. Si los profesionales informan a la mujer de lo que acontece explicando detenidamente las opciones y además de ofrecer su consuelo en un momento tan difícil la mujer confiará plenamente en ellos. Así podrá vivir un nacimiento respetado y digno.



jueves, 17 de septiembre de 2015

Etapas del trabajo de nacimiento



Las cuatro etapas del proceso de nacimiento están basadas en los cambios del útero y el cuello del útero, a medida que el trabajo de parto progresa.
El comienzo y final de cada etapa son descritos a continuación:




Primera etapa del Trabajo de Nacimiento
 Comienza con el inicio del trabajo de parto y termina cuando el cuello del útero está 100 por ciento borrado (afinado) y completamente dilatado unos 10 centímetros.
 El promedio de un trabajo de parto es de 10 a 14 horas para madres primerizas y es más corto para los nacimientos posteriores al primero
La primera fase de la primera etapa del trabajo de parto se denomina la fase latente, cuando las contracciones empiezan a volverse más frecuentes (por lo general, cada 5 a 20 minutos) y algo más intensas. No obstante, la molestia es mínima. El cuello uterino se dilata (se abre aproximadamente hasta tres o cuatro centímetros) y se borra (adelgaza). Algunas mujeres pueden no advertir que se están de parto si sus contracciones son leves e irregulares. La fase latente suele ser la más larga y la menos intensa. Normalmente, ésta es la fase en que la futura madre ingresa en el hospital. Se efectúan exámenes pélvicos para determinar la dilatación del cuello uterino.
La segunda fase de la primera etapa (fase activa) está definida por la dilatación del cuello uterino de 4 a 7 centímetros. Las contracciones se vuelven más prolongadas, intensas y frecuentes (por lo general, cada 3 ó 4 minutos).
La tercera fase se llama transición y es la última. Durante la transición, el cuello uterino pasa de 8 a 10 centímetros. Las contracciones suelen ser muy intensas, duran entre 60 y 90 segundos, y se presentan cada pocos minutos. Durante esta fase, la mayor parte de las mujeres sienten la necesidad urgente de pujar.
En la mayoría de los casos, las fases activa y de transición son más cortas que la fase latente.




Segunda etapa del Trabajo de Nacimiento (Pujando)
 Comienza cuando el cuello del útero está completamente borrado y dilatado y termina con el nacimiento del bebé.
 El tiempo promedio de esta etapa es de 1 a 2 horas en madres primerizas, y se reduce en los embarazos posteriores al primero. El tiempo puede ser mayor si usted tiene puesta una epidural y espera a sentir la necesidad de pujar.




A menudo, la segunda etapa se llama la etapa de "pujar". Durante la segunda etapa, la mujer toma parte activa pujando para que el bebé atraviese el canal de parto y salga al mundo exterior. El momento en que la cabeza del bebé asoma por la abertura de la vagina se denomina "coronamiento".
La segunda etapa es más corta que la primera, y puede tomar de 30 minutos a dos horas (cuando se trata del primer parto).
Tercera etapa del Trabajo de Parto
 Comienza con el nacimiento del bebé y termina con la expulsión de la placenta.
 El tiempo promedio de un nacimiento vaginal es de 5 a 15 minutos.
Después de dar a luz al bebé, la nueva madre entra en la tercera y última etapa del parto: la expulsión de la placenta (el órgano que nutrió al bebé mientras se encontraba dentro del útero). Esta etapa no suele durar más que unos minutos y consiste en la salida de la placenta del útero a través de la vagina.



¿Cómo saber si estoy progresando?
El progreso del trabajo de parto y la posición del bebé, son determinados por un examen vaginal interno. Estos exámenes no se practican a menudo y pueden ser llevados a cabo o no durante una contracción. Un examen vaginal interno evalúa lo siguiente:
 Borradura cervical (adelgazamiento, medido como de 0 a 100 por ciento).
 Dilatación cervical (apertura, medido como de 0 a 10 centímetros)
 Presentación del bebé (la parte del bebé a moverse primero hacia la pelvis, como puede ser la cabeza, las nalgas, los pies).
 Posición de la parte que presenta el bebé (descrita como anterior, viendo hacia su espalda, o como posterior, viendo hacia su frente).
 Estación (progreso del bebé en su descenso a través de la pelvis y el canal de parto. Medido de menor a mayor)


La ciencia avala el parto sin intervención










Prácticas como la episiotomía, el goteo de oxitocina y el rasurado, son hoy cuestionadas por la falta de evidencias médicas sobre sus beneficios



Hoy, las mujeres eligen ser madres más tardíamente, cuentan con mayor información y se involucran más con su embarazo. Por eso exigen protagonismo en el nacimiento de sus hijos, y buscan que el parto sea lo más natural posible. "Hay una tendencia a volver a los partos de antes, sin tanta intervención médica y reemplazando prácticas como la rotura artificial de bolsa, la administración de analgésicos y sustancias para acelerar el parto por métodos no farmacológicos: respiración, masajes", señala el doctor Ernesto Beruti, jefe del Servicio de Obstetricia del Hospital Austral.
En tanto, algunos procedimientos médicos que se hacían de rutina, han demostrado carecer de todo fundamento científico y comienzan a ser desterrados, destacan las obstetras Silvina Peirú, de la Red Latinoamericana por la Humanización del Parto (Relacahupan) y Claudia Alonso, asesora de la Asociación Civil Dando a Luz.

Aquí, los especialistas desmitifican algunas de estas prácticas.

1) La episiotomía evita desgarros. Falso
Se trata de un corte realizado en el periné con la intención de ampliar y acortar el canal de parto. "Su uso se ha generalizado a pesar de que la evidencia científica muestra que no sólo no evita los desgarros, sino que lleva incluso a provocarlos", señala la obstetra Silvina Peirú, integrante de Relacahupan. Además, se trata de una práctica molesta, de recuperación lenta y dolorosa.
"El concepto actual es darle un uso restringido, sólo cuando se necesita", aporta el obstetra Ernesto Beruti, del Hospital Austral. "En la Argentina, el 90% de los partos son con episiotomía, cuando sólo sería necesaria en un 30% de los casos".

2) La administración de oxitocina acelera el parto. Verdadero, pero esto no es beneficioso.
La oxitocina es una hormona que produce naturalmente la hipófisis para que se produzca el parto. Al administrarla artificialmente por vía endovenosa ("goteo"), las contracciones se vuelven más frecuentes y dolorosas, por lo que exigen analgésicos o anestesia peridural para sobrellevarlas. "Cuando no se respetan los tiempos normales de la mujer, esto da lugar a una catarata de intervenciones médicas que transforman el parto natural en un parto de riesgo que necesita mayor vigilancia y aumenta las chances de cesárea", advierte la obstetra Claudia Alonso, de la Asociación Dando a Luz.

3) El enema evacuante previene infecciones. Falso
Esta molesta práctica resulta hoy totalmente obsoleta. "En el pasado se creía que prevenía las infecciones por contacto con la materia fecal, pero no hay evidencia científica que la justifique", señala Beruti.

4) La anestesia peridural facilita a la mujer el trabajo de parto. Depende el caso.
Aquí las opiniones están divididas. El doctor Beruti opina que "en muchos casos es recomendable porque las mujeres sin dolor disfrutan y colaboran más". Para Alonso, "la anestesia sólo debe aplicarse cuando la mujer así lo pide, o en caso de una cesárea. Nunca en forma rutinaria". Peirú destaca en cambio que "es una intervención más, y su indicación debe ser cautelosa, ya que tiene algunos riesgos y duerme músculos que necesitan estar despiertos durante el parto".

5) El rasurado perineal evita infecciones. Falso
Por el contrario, "expone a la mujer a infecciones como la foliculitis o piodermitis", dice Alonso. "Cuanto menos agredamos la zona perineal, mejor. El rasurado es incómodo para la mujer, genera prurito cuando el vello comienza a crecer", agrega Peirú. Además, el vello no incomoda el parto ni es obstáculo si hubiera que realizar una sutura.

6) La postura de parto acostada y con las piernas en alto es más cómoda. Falso
Los especialistas consultados coinciden en señalarla como "la menos fisiológica de las posiciones", que sólo resulta cómoda para los médicos. La mejor posición es aquella que la mujer elija: de pie, en silla de parto, o en cuclillas.

7) En la Argentina se realiza un número alarmante de cesáreas sin necesidad. Verdadero
La opinión es unánime en este punto. En el país, entre el 30 y el 45 % de los partos son por cesárea (según se trate de instituciones públicas o privadas), cuando en países escandinavos la media es del 12 % y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) recomienda no hacerlo en más de un 15% de los casos. Razones culturales y estructurales (hábitos intervencionistas de los médicos, temor a demandas en caso de problemas durante el parto, falta de tiempo e infraestructura), impiden que el nacimiento sea un hecho natural y con la mínima intervención.

8) Ser madre después de los 40 aumenta las complicaciones del embarazo y el riesgo de alteraciones cromosómicas del bebé. En parte.
Hoy es cada vez más común postergar la maternidad. El principal riesgo de ser madre después de los 35 es el aumento de la posibilidad de que el niño padezca alguna alteración cromosómica, siendo la más común el síndrome de down. Por eso se recomienda a las madres mayores de esa edad realizarse una ecografía especial (NT Plus 11-14) entre las 11 y las 14 semanas de embarazo, para descartar este tipo de patologías.
En cuanto a complicaciones como la hipertensión o problemas con la placenta, si bien son más frecuentes, tienen solución mediante el control estricto del embarazo.

9) Algunos estudios genéticos pre natales son riesgosos. Verdadero.
Si bien la ecografía NT Plus, que se hace entre las 11 y las 14 semanas no es riesgosa, estudios posteriores como el de vellosidades coriónicas o la amniocentesis (suelen aplicarse cuando da mal el anterior) tiene un riesgo del 1 % de perder el embarazo. En el primer caso, se recomienda realizarlo a las mamás mayores de 35 o con antecedentes de alteraciones cromosómicas en la familia (aunque en algunos países se hace a todas las embarazadas). En el segundo caso, el profesional y los futuros padres deben sopesar muy bien los riesgos de este estudio invasivo, frente a los beneficios que se pretende obtener con el diagnóstico.

10) Abusar de las ecografías puede ser perjudicial para el bebé. En parte
Los criterios al respecto son diversos. Para el doctor Beruti, "no se precisan más de 3 ecografías, aunque en las instituciones privadas se realizan muchas más": la primera entre las 8 y las 11 semanas, para ver cuántos bebés hay y si están bien implantados. La segunda en la semana 12, cuando ya se puede ver el sexo. La tercera es la más importante, entre las 22 y las 24 semanas, para evaluar el estado general del bebé.
Peirú coincide en recomendar una ecografía por trimestre, y destaca que en la Argentina "se abusa de este método". La inocuidad de la ecografía "está en revisión. No contamos con información sobre los efectos de los equipos más actuales". Por otra parte, las ecografías en 4 D resultan muy simpáticas para filmar al niño y mostrarlo a parientes y amigos, pero no aportan mayores detalles para el diagnóstico médico

Chequeos antes de ser mamá
Antes del embarazo, lo ideal es hacer una consulta pre natal que incluya un examen físico completo, chequeo de parámetros de laboratorio (hemograma, glucemia, detección de enfermedades de transmisión sexual, toxoplasmosis, cultivo de orina, grupo y factor sanguíneo).
Una vez determinado el embarazo, visitar al obstetra mensualmente hasta el séptimo mes, cada 15 días hasta el octavo y luego semanalmente.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda un mínimo de cinco controles durante el embarazo.
Es recomendable que las mujeres mayores de 35 reciban asesoramiento genético.